El druidismo y la espiral

Por Gaueko Bele

El elemento más definitorio y más potente de una espiritualidad son los símbolos que la definen. Toda la ideología, toda la esencia de una religión, de una espiritualidad debe quedar reflejada en el símbolo o símbolos que la definen. Cuando nos adentramos profundamente dentro del mundo espiritual nos encontramos con estos elementos que representan de manera invariable tanto a la propia espiritualidad como a aquellos conceptos que representa dicha filosofía.

Un símbolo se define como la imagen o figura con que materialmente o de palabra se representa una idea, concepto o arte. Eso sí, todo símbolo necesita de una interpretación y sin ella, el símbolo pierde su significado.

Un símbolo es una representación de un concepto o idea que es perceptible por medio de al menos uno de los sentidos.

Del latín simbolum, y éste del griego s?µßo?o?, el símbolo es la forma de exteriorizar un pensamiento o idea más o menos abstracta, así como el signo o medio de expresión al que se atribuye un significado convencional y en cuya génesis se encuentra la semejanza, real o imaginada, con lo significado. Afirmaba Aristóteles que no se piensa sin imágenes, a lo que podríamos añadir que tampoco sin el símbolo que es su sustituto.

En cuanto al símbolo dentro de la espiritualidad, en las formas exteriores de las religiones semíticas como la asiria y fenicia, en la hindú y en las indoeuropeas, como la greco-latina, impera el símbolo pues en ellas se dió la representación de los fenómenos de la naturaleza personificados en seres mitológicos que terminaron por encarnar los valores morales de la sociedad.

Jose María Albert, en su “Diccionario de Símbolos”, comenta a este respecto: “El símbolo, por lo tanto, no sólo representa, sino que, en cierto, modo exige una cierta realización y deviene en el centro sobre el que gravita la actividad intelectual que él mismo desencadena. Por valernos de un ejemplo, unas alas estampadas sobre el uniforme de un aviador serán tan sólo un signo; en cambio, esas mismas alas, en el talón de mercurio, constituyen el símbolo del viajero nocturno, del anhelo del viaje. Con el signo, en suma, nos desenvolvemos en un terreno firme, continuo e inequívoco, mientras que con el símbolo nos adentramos en una ruptura del plano, en una discontinuidad que nos sitúa en una dimensión preñada de recovecos.”

También añade lo siguiente en esta introducción al concepto de símbolo: “Buceando en la historia del símbolo, constatamos que todo objeto puede revestirse de cierto valor simbólico, ya se trate de un objeto natural (piedras, metales, frutos, animales, ríos y océanos, todos ellos símbolos figurativos) o abstracto (formas geométricas, conceptos, números)”.

El uso de símbolos nos permite adentrarnos en la parte más recóndita de nuestro subconsciente, nos ayuda a navegar a través de los conceptos arquetípicos para conocer más sobre nuestros propios pensamientos. Uno de los psiquiatras que más han indagado en este aspecto de los arquetipos, que no son más que la esencia, el modelo original de algo, de una idea o arte, ha sido Jung, que comenta respecto al símbolo: “El Símbolo no es ni una alegoría ni un simple signo, sino más bien una imagen para designar lo mejor posible la oscura naturaleza, apenas sospechada del espíritu (es decir, lo consciente y lo inconsciente), una imagen que concentra las producciones religiosas, éticas y estéticas del hombre y que confiere vivacidad y dinamismo a las actividades intelectuales, imaginativas y emotivas del individuo, por cuanto supone a la naturaleza biológica y mantiene en constante tensión los contrarios que se hayan en la base de nuestra vida psíquica”. Para aclarar el concepto indica Jung que “el símbolo no explica, sino que se proyecta más allá de sí mismo, hacia un sentido aún en el más allá, inasible, apenas presentido que ninguna palabra de la lengua que hablamos podría expresar de forma satisfactoria”.

Bajo estas premisas intentamos descifrar lo que los antiguos druidas nos trasmitían. De esta manera, a través de los símbolos podemos acercarnos a las enseñanzas de nuestros ancestros de tradición y ver el uso y significado de los distintivos de su espiritualidad, que es la nuestra.

Hay conceptos e ideas inherentes e inseparables de la definición de druidismo y si nos atenemos al sistema trinario druídico, podemos definir precisamente tres símbolos que definen al druidismo. Estos son, enumerados del más simple al más complejo, la Espiral, el Laberinto y el Triskel. Estos tres símbolos, tanto por separado como en un estudio conjunto de ellos, nos muestra este camino druídico, este triple camino definido por sus respectivos conceptos.

El triple camino druídico, el camino de ascensión celta viene dado por estos elementos: Naturaleza, Verdad y Conocimiento. A través de estas tres nociones podemos acercarnos al corazón del camino druídico hacia la Ascensión, hacia la Awen. Y a cada uno de estos conceptos se le puede asignar, y le define, uno de los símbolos mencionados anteriormente. Así pues, podemos relacionar a la Naturaleza con la Espiral, el Laberinto con la Verdad y el Conocimiento con la triple espiral, con el Triskel.

La Naturaleza es la Gran Maestra del Druida, su mayor fuente de conocimiento. Se dice que para saber si algo es adecuado o no, los maestros druidas decían que se observara en la naturaleza y si se daba en ella, si la naturaleza mostraba ese aspecto bajo alguna de sus formas, es que ese concepto era bueno, esa idea era correcta. La naturaleza es venerada y preservada por los druidas y a ella acuden como fuente de inspiración.

Y la naturaleza es una espiral. Desde lo más grande que conoce el ser humano, las galaxias, al más pequeño elemento definitorio de la vida, la espiral se hace presente en forma y presencia. La elipse de la tierra y del resto de los planetas alrededor del sol es una espiral. El ADN es una doble espiral. Y de nuevo se hace realidad la máxima de: cómo es arriba, es abajo. Macrocosmos y microcosmos. El universo y el ser humano.

El druidismo nos invita a conocer la naturaleza y a través de su estudio, a nuestro conocimiento interno, a una comprensión de nuestro yo más íntimo y por lo tanto de nuestra conciencia.

Y es a través de la espiral como un druida se acerca a la naturaleza y a través de esta naturaleza a la misma esencia del Todo, del Increado. Y es por esta razón por la que una de las formas que el druidismo tiene de representar a la Fuente de Todo es precisamente con una espiral.

Pero la vida, la existencia del hombre en el universo no es algo tan simple como una espiral. Se retuerce y se complica hasta formar el siguiente símbolo de nuestro estudio: el Laberinto. El Laberinto es la complicación de la espiral. Antiguamente se creía que el Laberinto era la representación del camino hacia la divinidad, que se hallaría en su centro en el modelo neoplatónico que asemeja la vida de los hombres como un retorno al centro de este laberinto, que no sería sino el regreso al Todo.

El laberinto es un símbolo poderoso, utilizado por muchas culturas. Desde oriente, en donde se usaba como protección y distracción frente a los malos espíritus, hasta el norte de Europa, en Escandinavia, donde se utilizaba en rituales paganos. Cuando un druida se acerca al concepto de verdad recorre un laberinto. Cuando un druida vive, recorre un laberinto.

Es a través de la Verdad como un druida se acerca a la Naturaleza, lejano de artificios, lejano de apariencias. Es a través de la verdad como un druida intenta desentrañar el Laberinto de la Vida. Camina a través de los senderos en espiral del laberinto, alejándose en ocasiones del centro, acercándose en otras ocasiones, observando en definitiva el centro, o la Verdad, o en definitiva el Todo, desde todos los puntos de vista posibles, sin prejuzgar, sabiendo que en cada vuelta del laberinto la visión de ese centro, de esa Verdad puede ser diferente y sin ninguna duda, lo recorre sabiendo de antemano que el camino emprendido puede ser el erróneo y puede haber transitado por un sendero inane o por caminos que no comprende.

Pero eso no impide que un druida siga caminando por la Espiral Laberíntica.

Y eso nos lleva a la sublimación de la espiral. La triple espiral o Triskel.

Porque para un druida no existe una realidad en su existencia, sino tres: el mundo físico, el mundo psíquico y el espiritual. Así pues, un druida sabe que para llegar al centro de ese Laberinto, para recorrer la Espiral, no solo debe recorrer una única espiral sino que debe seguir el camino marcado por el Triskel y adentrarse en el conocimiento completo. La comprensión es el arma que utiliza un druida para avanzar a través del Laberinto vital. El druida hace suyo el triskel como símbolo final de su espiritualidad.

Este es el reto al que se enfrenta el druida: el discernimiento del mundo y por tanto en el conocimiento de sí mismo. Es dicho conocimiento el motor y el objetivo del druida. Solo recorriendo esta espiral y haciéndolo de manera triple, desde una concepción holística de la existencia y a través del triskillion, de la triple espiral, como el druida llega al centro del Laberinto, como recorre la espiral.

Y así, invierte el viaje y desde el conocimiento accede a la verdad y a través de la verdad es como llega a la unión con la Naturaleza y por lo tanto como se hace uno con la Awen, la fusión con el Todo.